
No ha pasado mucho tiempo desde que inicié esta aventura de convertirme en fotógrafo profesional. Recuerdo que hace cinco años, ingresé en un curso básico de fotografía blanco y negro donde sumergí mis manos en los químicos del cuarto oscuro, como un niño que descubre la moldeable arena de la playa por primera vez.
Inmediatamente, construí mi propia caverna química monocromática donde pasé largas horas revelando los negativos extraídos de mi adorada Asahi Pentax Spotmatic del año 65. Aunque contaba en ese momento con una cámara Canon EOS 300, nada se comparaba con el lente 50mm 1.4 de mi Spotmatic. Luego les contaré toda la historia de esta maravillosa cámara.
Inmediatamente, construí mi propia caverna química monocromática donde pasé largas horas revelando los negativos extraídos de mi adorada Asahi Pentax Spotmatic del año 65. Aunque contaba en ese momento con una cámara Canon EOS 300, nada se comparaba con el lente 50mm 1.4 de mi Spotmatic. Luego les contaré toda la historia de esta maravillosa cámara.
¿Película de 2GB?
En el 2004, un año después de iniciar mi experiencia fotográfica, adquirí mi primera SLR digital, una Canon EOS 10D, la cual aún conservo en perfectas condiciones. Este nuevo medio de captura, me hizo descubrir nuevas técnicas y posibilidades además que me permitió acelerar mi proceso de aprendizaje. Pronto comencé a nutrirme de nuevos y complejos conocimientos técnicos, motivado por la posibilidad de contar al instante con las fotografías para su análisis.
A pesar de que ya contaba con una versátil herramienta digital, continué creando mis fotografías monocromáticas en el laboratorio, ya que el rango dinámico de la película, era mayor al del sensor de mi cámara digital.
El baúl de los recuerdos…
Pronto, el rango dinámico no pudo competir contra la velocidad con que Photoshop convertía mis imágenes a blanco y negro. Explorando métodos avanzados de conversión y obligado a cerrar mi laboratorio personal por una remodelación en mi casa, la ampliadora, las bandejas y demás herramientas, comenzaron a desarrollar una inexplicable capa de polvo en la bodega.
No satisfecho con haber abandonado temporalmente los químicos, comencé a utilizar la película diapositiva. Ni les cuento las complicaciones actuales para adquirir los rollos y encontrar quién los revele. Recientemente, escuché decir a un sabio arquitecto y amigo, “lo temporal es permanente”, lo cual me hizo reflexionar que mi pausa en los químicos parece ser definitiva. Mis herramientas de cuarto oscuro, parecen resistirse a la idea de continuar como elementos decorativos y se asoman tímidamente entre el mueble del equipo fotográfico en mi estudio.
Y en el fondo, me resisto…
Los constructores que remodelaron hace poco tiempo mi estudio, le llaman “el cuarto oscuro” a mi bodega. Ustedes no se equivocan si están pensando en que hice construir una habitación especial para mi nuevo laboratorio. Claro está, el supuesto laboratorio es actualmente, la bodega de utilería.
Creo que mi ampliadora aún está a la espera de trasladarse a su nuevo aposento, pero tarde o temprano, tendré que confesarle mi profunda relación con un tal CS3.
Adaptarse no es fácil…
Aunque mi relación con la fotografía química no duró muchos años como es el caso de algunos amigos y colegas, pienso que el paso al la foto digital no debería ser tan dramático.
Mis conocimientos en cuarto oscuro, guiaron mi camino en el procesamiento digital cuando descubrí la manera de implementarlos en Photoshop. Los filtros de contraste, el acabado del papel, el tiempo de revelado, la película forzada, el proceso cruzado, el viraje y el grano, tienen su lugar en la fotografía digital.
Entre amigos fotógrafos, he escuchado hablar acerca de las dificultades a la hora de establecer el balance de blancos y la distancia hiperfocal debido al factor multiplicador de la distancia focal. He sabido de muchos fotógrafos con problemas en los perfiles de color que afectan el procesamiento y la impresión en inyección de tinta.
No es fácil. Para muchos, será internarse en un nuevo campo y verse obligados a estudiar nuevas técnicas de captura y edición. Probablemente, algunos fotógrafos se frustran al ver que su resultado final, es decir sus fotografías, disminuyen en calidad al momento de cambiar de medio.
No hay que confundir las cosas. Un buen fotógrafo, independientemente del medio que utilice, siempre será buen fotógrafo. Probablemente, lo único que necesitará, será un poco de estudio para aplicar todo su conocimiento al medio digital.
Nunca es tarde para aprender además de ser una necesidad. Con mucha pasión y entrega, se logran metas que a veces se creen imposibles.
Nunca es tarde para aprender además de ser una necesidad. Con mucha pasión y entrega, se logran metas que a veces se creen imposibles.
Con nostalgia…
Hace unos días, conversaba con mis amigos, sobre la falta de un lugar en donde revelar diapositivas. En ese momento, no era posible revelar en el único laboratorio comercial existente debido a la escasez de químicos. Ésta fue definitivamente, una alarma que anunciaba un cambio más que opcional, obligatorio para los profesionales.
Con mucha frecuencia, les doy a mis imágenes digitales, tratamientos que normalmente se lograban con la fotografía química. El uso de un grano visible, la viñeta de cuarto oscuro, el proceso cruzado, la sub y la sobreexposición entre otros recursos, representan pistas de nostalgia por la química. Claro que reconozco y utilizo, muchos recursos digitales, que me llevan a crear imágenes que de otra manera, hubieran sido muy difíciles de lograr.
De todo esto, lo que más extraño es el olor. Aún sigo buscando un incienso con aroma a revelador. //

