martes, 24 de noviembre de 2009

Resumen de “Cien Paredes y un Millón de Historias” en Cartago

Esta es una nota para agradecer a las más de 200 personas que nos acompañaron el pasado 30 de julio en la inauguración de “Cien Paredes y un Millón de Historias”. Así mismo, agradezco a todas las personas que se acercaron a la Casa de la Ciudad de Cartago durante la exposición de la serie en esta emblemática galería.


La serie
Para ver la obra: www.gustavovalle.com


Desde la primera vez que ingresé a las edificaciones que albergaron el ahora desaparecido Sanatorio Durán en Prusia de Cartago, me fue inevitable imaginar lo que esas texturizadas paredes y hermosos ventanales han presenciado desde sus primeros años de existencia.

Aunque no existe un antecedente escrito que detalle los acontecimientos que vivió el Sanatorio en su época, son increíblemente poderosas y sugestivas las sensaciones que estimulan su bella arquitectura y exquisita construcción

Algunos relatos urbanos, los aromas, los sonidos, las texturas y algunos indicios físicos de lo que ahí existió, nos permiten generar nuestra propia historia del Sanatorio Durán. En sus paredes de madera y bahareque, habitan las plegarias y el grito desconsolado de quienes vivieron en sus pasillos y habitaciones.


La serie “Cien paredes y un millón de historias” es un relato visual basado en el murmullo que ensordece mis sentidos cada vez que me absorben los largos pasillos y confusos laberintos de misterio en el Sanatorio Durán.

Esta obra, no es más que la mezcla de los aromas, sonidos y texturas capturadas en este emblemático e inquietante lugar. Esta es mi propia historia.




La inauguración


El 31 de julio fue una noche cargada de arte e historia en la Casa de la Ciudad de Cartago. No sólo las 24 imágenes que se exponían en la galería, sino también un excelente acto paralelo por parte de los actores de Eventos Tricolor a cargo de Enrique Monge, y del talento indiscutible del grupo Danza TEC, dirigidos por Claudia Sancho. Mil gracias a todos ellos por su invaluable aporte a mi obra.

El apoyo de la historiadora Carmela Velázquez fue muy importante no sólo en la inauguración, sino también en el desarrollo de la obra. La señora Velázquez nos recibió muy amablemente desde el inicio del proceso artístico y me ayudó a comprender el valor histórico y simbólico del Sanatorio Durán.


Fueron muchos los preparativos para esa noche. Patrocinadores, impresión, montaje, comida, vino, invitados y prensa entre otros recursos. Cada aspecto fue exitosamente coordinado por Paulina, mi esposa y productora.

Sin duda una noche inolvidable en donde la compañía fue lo mejor. Muchas gracias a todos por su gran apoyo.




Palabras del señor Enrique Hernández Camacho,
Director de la Casa de la Ciudad de Cartago.



Del 30 de julio al 30 de agosto de 2009, la Casa de la Ciudad; programa sociocultural del Instituto Tecnológico de Costa Rica, en su galería de exposiciones temporales, tuvo el honor de contar con la exposición de fotografías “Cien paredes un millón de historias” del artista Gustavo Valle Jiménez.

La exposición recoge diferentes elementos de lo que fuera el conglomerado arquitectónico del Sanatorio Durán, emblemática institución que representa una época de la historia local y nacional y el esfuerzo de una persona, el doctor Carlos Durán, por enfrentar con las armas de la inteligencia y de la diligencia, la enfermedad de la tuberculosis, que en las primeras décadas del siglo XX, amenazaba la salud de los costarricenses.

Esa es una exposición artística de variados significados, mismos que el espectador va descifrando conforme hace la prospección visual de cada obra:
Personas de edad avanzada que aún recuerdan cuando el sanatorio fungía como tal, dedicaron su tiempo a la contemplación y a la remembranza de hechos, personas y acontecimientos.

Jóvenes artistas o interesados en las artes visuales focalizaban su atención en la contemplación de las técnicas empleadas para hacer posible la propuesta artística; en ellos, la apreciación de las obras estimulaba el interés y hasta la especulación sobre los recursos técnicos empleados por el autor. También hacían ver su admiración por la dedicación y el talento contenido en cada una de las obras.

Estudiantes de primaria y secundaria, ante cada fotografía experimentaban la iniciación en el conocimiento de un lugar que registra hechos que hoy comienzan a adquirir valor histórico por el significado que posee en la continuidad temporal. También eran seducidos por el color, la forma y la textura, se dejaban dominar por los sentidos y la apreciación de las obras se volvía intuición.

Para otros, el interés se inscribe en el mundo de lo esotérico, ya que con el pasar de los años, sobre el lugar se han constituido diversas leyendas, anécdotas y cuentos que hoy tienen la pretensión de mitos, ello estimula la imaginación de jóvenes que ven en el lugar un sitio que reta la imaginación y estimula sensaciones y emociones diversas.

Vecinos de comunidades cercanas al Sanatorio Durán, se acercaron a la exposición a apreciar lo que para ellos es un objeto común pero que se reconstituye en la mirada e intervención del artista, provocando expresiones de sorpresa, admiración y gusto.

Otros públicos, según sus intereses y motivación, exploraban en cada obra diferentes cosas, pero siempre en la coincidencia de estar frente a obras artísticas cuyo valor artístico invitan a la contemplación y al disfrute.

“Cien paredes un millón de historias” es una invitación a ver el pasado, poner en valor una institución, una época, un líder; es reconocer las condiciones y limitaciones que limitaban el desarrollo humano y el empeño de personas y grupos por superarse.

Más allá de su condición de muestra artística, la exposición es el llamando de atención que hace el artista sobre la necesidad de volver la mirada hacia aquellos elementos naturales, culturales o históricos que requieren ser reconfigurados en el consiente colectivo, para su reivindicación como referentes de identidad y como patrimonio de grupos humanos que empujados por las expresiones de la modernidad o la posmodernidad, corren el riesgo de ser invisibilizados.






Agradecimientos


Deseo agradecer a Paulina, mi esposa, por ser mi apoyo, compañera y musa de mi obra. Gracias por todo su apoyo en los aspectos de producción y relaciones públicas. Gracias a mi madre Floria Jiménez por heredarme y estimularme el amor por el arte. A mi hija Paulina, que nos acompaña a muchas de las aventuras fotográficas, eventos y actividades relacionadas. También quiero darle gracias por haberse contagiado del deseo de expresarse artísticamente.

Gracias al fotógrafo Daniel Monge, mi amigo, mentor y consejero. Aprecio cada crítica y consejo que me ha bridado durante estos años.

Muchas gracias a nuestros patrocinadores. Un eterno agradecimiento para Carlos Ugalde de EPSON de Costa Rica y Rafael Ocampo del Grupo REYMA. Esta exposición no hubiera sido posible sin su gran apoyo.

Gracias al Fotoclub de Costa Rica por ser motivación, reto e impulsador en mi formación fotográfica. Gracias también por creer en mí como parte de su Junta Directiva.


Gracias al Instituto Tecnológico de Costa Rica representado por el director de la Casa de la Ciudad, Enrique Hernández, César Fallas de la Escuela de Cultura y por Claudia Sancho de Danza TEC. Gracias a Enrique Monge y a todos sus colaboradores de Eventos Tricolor. Un agradecimiento especial para la historiadora Carmela Velázquez que me apoyó desde un inicio.

Gracias a Liudmila Kikisch, curadora de esta muestra y quien me adoptó mucho tiempo antes de crear “Cien Paredes y un Millón de Historias”.

Mil gracias a Natalia Rodríguez de Red Cultura y a todos los medios de comunicación que nos apoyaron en esta gran experiencia.

Gracias a todo el personal de la Casa de la Ciudad, a don Santiago del Sanatorio y a todos nuestros amigos e invitados que nos acompañaron en esa maravillosa noche.


Y aún queda otro millón de historias…

“Cien Paredes y un Millón de Historias” no termina aquí. Pronto les tendremos grandes noticias acerca del futuro de esta muestra.

Muchas gracias de todo corazón.

Gustavo Valle J.

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